Descripción

La vinculación de Joan Miró con Mont-roig del Camp fue tan fuerte que el genio, fuera donde fuera, siempre llevaba una algarroba de Mont-roig. En Mont-roig, Miró tenía la masía, su casa de vacaciones, donde gestó su universo y su obra. Era el lugar al que siempre quería volver, a sus orígenes artísticos, a sus principales paisajes emocionales. Fue en Mont-roig del Camp, tras una enfermedad, donde decidió dedicarse a la pintura en contra de los deseos de su padre. Aquí creó buena parte de su primera producción pictórica que le convertiría muy pronto en uno de los artistas más influyentes del siglo XX. Lo hizo inspirado por Mont-roig del Camp y sus paisajes, estableciendo un vínculo con la tierra, a partir del interés por los objetos cotidianos y el entorno natural.